Coche eléctrico (III): pasado presente y futuro de las baterías eléctricas para coches

Baterías coche eléctrico

Tras hablarte de nuestro“combo” para coche eléctrico, compuesto por una tarifa especial y un servicio de instalación de puntos de recarga y después de darte todos los detalles sobre las ayudas del Plan MOVEA (aprobado el pasado viernes,16 de junio), hoy dedicamos un tercer capítulo a nuestro “niño mimado”. Esta vez nos centraremos en dos aspectos clave para el desarrollo del coche eléctrico: las baterías y su autonomía, repasando su pasado, hablando de su presente y echando un vistazo a su futuro.

Los orígenes del coche eléctrico, las primeras baterías y su autonomía

Si crees que el coche eléctrico es una novedad nacida en este siglo, te equivocas. Ya a finales del siglo XIX se empezaron a construir vehículos eléctricos, tanto en Eurpoa como en Estados Unidos, que convivieron con los primeros coches con motor de combustión.

De hecho, en la Exposición Universal de parís de 1897 se presentó un modelo muy primitivo de ciclomotor eléctrico y unos años después, en la Exposición Internacional de la Electricidad de 1881, también en París, Gustave Trouvé presentó un coche eléctrico que llegaba 5 años que el primer coche de combustión interna, patentado por Karl Benz en 1886.

Lo curioso es que más allá de los prototipos y las exposiciones, los primeros modelos de vehículos eléctricos llegaron a comercializarse junto con los coches tradicionales y de hecho se vendían muy bien. Eran mucho más silenciosos, no generaban humo, eran mucho más fáciles de arrancar (sin la manivela del resto de coches) y más sencillos de conducir (no tenían caja de cambios), osea, más o menos las mismas ventajas de ahora. El problema principal era el de la reducida autonomía que ofrecían las baterías eléctricas, el supuesto lastre que los escépticos siempre usan como argumento para negar la implantación de estos vehículos pero que por suerte ha evolucionado y mucho a lo largo de los años.

Aquellos primeros coches usaban la batería de plomo-ácido desarrollada por Gastón Planté en 1860, que supuso un gran avance respecto a las pilas de zinc-cobre que habían reinado hasta entonces. Por lo general estos vehículos tenían una autonomía de entre 25 y 50 km y se tardaba entre 8 y 14 horas en cargar sus baterías.

Más adelante, la batería de níquel-hierro patentada por Thomas Alva Edison se consiguieron hitos como el del Anderson Electric Car, que en 1911 consiguió llegar a los 129 km de autonomía, eso sí, a un a velocidad máxima de 32 km/h.

A pesar de esas buenas perspectivas, la mercantilización de la producción de petróleo, los coches propulsados por gasolina bajaron de precio, empezaron a fabircarse en masa y dejaron rezagados a los prometedores pioneros eléctricos. No es de extrañar haber llegado a una situación así cuando todavía hoy a algunos les cuesta entender la necesidad de apostar por la energía verde y dejar de lado las energías no renovables y los combustibles fósiles.

Durante el siglo XX el coche eléctrico las crisis que sucedieron a los grandes conflictos armados iban haciendo resurgir al vehículo eléctrico, aunque de forma muy tímida.

Aun así, las baterías para coches eléctricos siguieron evolucionando, llegando por ejemplo a los 225 km de autonomía máxima conseguidos por la batería de níquel e hidruro metálico (Ni-MH) desarrollada en los 90, utilizada por ejemplo en el pequeño vehículo biplaza GM EV1, cuya segunda generación fue retirada del mercado en 2003 (una decisión rodeada de polémica).

Presente y futuro de las baterías para coches

La conexión con el presente se establece a partir de 2010, año en que se empieza a imponer la batería de ion-litio, que es el estandard actual. Esto se debe a que, por el momento, son las mejores en su relación peso/volumen/capacidad/durabilidad/precio, las principales características en que una batería eléctrica se la juega y que idealmente deben guardar un equilibrio perfecto. A finales de ese año se lanza el Nissan Leaf, el coche eléctrico más vendido de la historia. Su primera versión tenía una autonomía de 175 km, gracias a una batería de iones de litio de 24 kWh de capacidad.

Aun así, dos años antes, una compañía norteamericana pràcticamente desconocida (una tal Tesla), lanzó un deportivo eléctrico construido a partir de un Lotus Elise que consiguió una autonomía de 393 km. Era el Tesla Roadster, una revolución en el mercado y el inicio de una compañía que ya se ha convertido en leyenda y que hoy en día está de rabiosa actualidad. No solo han marcado un antes y un después en el mundo del coche eléctrico, si no en el del automobilismo en general, con modelos como el Tesla Model 3, tan eficiente como deseado.

En 2016 se produjeron los cambios recientes más significativos ya que (en gran medida motivados por el cambio de paradigma de Tesla), se multiplicaron las opciones de coche eléctrico en las principales marcas y los avances en su tecnología.

Uno de los referentes concretos es el Tesla Model S, que con su mejor batería, la de 100 kwh, consigue circular durante 613 km sin necesidad de recargarse. Eso sí, a diferencia de otras opciones a priori menos cool como el Nissan Leaf o el Renault ZOE, esta berlina de gama alta no es apta para todos los bosillos.

Aun así hay que ver la cara positiva de este elitismo, ya que si una marca y su público invierten dinero y recursos en todo lo que tengan que ver con el coche eléctrico, el sector avanzará más rápido y no tardará en adaptarse al gran público.

Respecto al futuro de las baterías, se está avanzando dentro de las de ion-litio, si bien los modelos más recientes todavía son demasiado caros y experimentales. La obsesión en los laboratorios dedicados al desarrollo de estos dispositivos es sin duda la autonomía (equilibrada con peso, volumen, precio, etc), que está alcanzando nuevas cotas por ejemplo con baterías de estado sólido. Por otro lado, parece que se quiere dejar a un lado el litio con nuevos tipos de dispositivo como las baterías de metal-aire.

Sea cual sea el futuro del coche eléctrico, podemos decir que en 100 años, la evolución ha sido mucho mayor de lo que algunos creen. Y para muestra estos datos: el mejor vehículo eléctrico del S.XIX llegaba a los 129 km de autonomía, a una velocidad máxima de 32 km/h y con un tiempo de recarga de unas 14 horas. Hoy en día, llegamos a los 613 km de autonomía, con una velocidad máxima de 250 km/h… ¡y todo con menos de una hora de recarga!

A nosotros nos parece emocionante pensar en el siguiente avance y queremos acompañarte en el camino ¿vienes? :)

 

 

 

 

 

 

 

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