La abuela tiene un máster en Eficiencia Energética (VII) -De cómo quisieron engañar a Doña Eugenia-

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Mentir, en general, es algo bastante “feo” pero mentirle a una señora mayor podría reservarle al mentiroso una plaza en el infierno. Nuestra abuela vuelve hoy para explicarnos un episodio bastante desagradable (pero 100% verídico) que tuvo lugar hace un tiempo. Aun así hay que decir que mientras nos lo explicaba no parecía que lo hubiera pasado mal, sino todo lo contrario. Suponemos que lo surrealista de la situación le amenizó la tarde. A ver qué os parece a vosotros.

“Somos lo mismo, señora”

Evidentemente, doña Eugenia es clienta de HolaLuz.com pero de esto hace relativamente poco. Sabe perfectamente como funcionamos y conoce todo lo que hacemos y cómo lo hacemos. Por eso, cuando le abrió la puerta a un trajeado comercial que le aseguraba que venía de su compañía eléctrica, se puso en guardia pero le dejó hablar, preparada para cuestionar todo lo que tuviera que decirle.

El buen señor sostenía que la abuela todavía pertenecía a su compañía pero que venía  a facilitarle una serie de gestiones que mejorarían su contratación. Ella sabía que ya no era clienta suya y además, siempre había desconfiado de el típico comercial agresivo que te hace tomar decisiones en el momento.

Lo que le había dicho aquel hombre, traducido, significaba que:

El comercial quiso hacerla creer que aún era clienta suya y que la TUR había dejado de existir (hasta el pasado mes de abril no fue verdad) con la intención de pasarla a una tarifa de mercado libre más cara.

 “Tiene usted un maravilloso descuento…(con sorpresa)”

La de los descuentos “milagrosos” es una mentira que a pesar de llevar bastante tiempo en marcha, no deja de estar de rabiosa actualidad, incluso ahora, con un sector suficientemente revuelto debido a los cambios de facturación.

Para empezar, suele tratarse de pequeñas reducciones en el coste fijo, es decir, en el precio de la potencia contratada, pero como obvian decírnoslo creemos que afectarán a toda la factura.

A doña Eugenia se lo querían vender como una revisión de su contrato, que había quedado muy anticuado (y tan anticuado , hacía meses que no estaba vigente) y lo que no le dijeron es que aceptar el descuento suponía quedar atada a una permanencia de 12 meses.

“Y además, contará con nuestro exclusivo servicio de matenimiento”

Y esta fue la guinda del pastel. Llegados a este punto nuestra abuela casi no podía contener la risa.

Aquel hombre encorbatado se limitaba a explicarle situaciones rocambolescas, complejas averías que el servicio podría cubrir, obviando otras mucho más habituales y evitando sobre todas las cosas mencionar que el servicio tenía un coste anual, aunque se pagara mensualmente.

Después doña Eugenia supo que eso significaba lo siguiente: que si lo hubiera contratado y se iba a mitad de año le hubieran cargado todas las cuotas que le quedaran para completarlo.

Ha pasado un tiempo desde todo aquello pero en el sector sigue habiendo letra pequeña, otra diferente de la que le querían endosar a ella, pero prácticamente igual de escondida.

Por eso recuerda, antes de aceptar o contratar nada nuevo, exige que te lo detallen todo por escrito y sólo después, si todo te parece bien, plantéate dar el paso.

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