Pionerxs: Gustave Trouvé, el inventor del primer coche eléctrico

Después reivindicar el coraje de Kathrine Switzer, la primera mujer que corrió en la Maratón de Boston, seguimos recuperando las hazañas de algunos de los principales pionerxs de la historia. Hoy con otro personaje de los que abrieron camino, aunque el suyo pareció terminar en vía muerta durante más de un siglo. ¿Quieres descubrir su historia?

Gustave Trouvé, el pionero de este mes, fue un prolífico inventor particularmente hábil en el campo de la electricidad. Propuso aplicarla en los campos de la propulsión, de las telecomunicaciones, de la medicina, de la vida cotidiana, e incluso en el de los espectáculos. Aunque fue reconocido y ensalzado por sus colegas, y considerado el inventor del primer coche eléctrico funcional, fue rápidamente olvidado tras su muerte.

 

El espíritu curioso de Gustave Trouvé

Nacido el 2 de enero de 1839 en la localidad francesa de La Haye-Descartes, Gustave Trouvé dio muestras de su enorme fascinación por la mecánica desde muy pequeño. Utilizaba cualquier material que se le ponía al alcance para experimentar y con tan solo siete años ya fabricó una suerte de bomba utilizando una lata de sardinas. Mientras tanto, y a partir de 1850, aprendió el oficio de cerrajero en el Chinon College para acabar ingresando en la École des Arts et Métiers de Angers. Pero problemas de salud y un cambio de planes familiar provocaron que en 1859 dejara sus estudios a medias y se trasladara a París, donde consiguió un trabajo como relojero.

Cinco años después de su llegada a la capital francesa, Gustave y su hermano Jules abrieron su propio negocio de ingeniería de precisión, donde fabricaban instrumentos de observación científica alimentados con electricidad, lo que significaba toda una innovación. Su primer invento destacable seria un instrumento para localizar y extraer balas u otros proyectiles de militares heridos, prototipo del detector de metal que se utiliza hoy en día y que acabó sirviendo no solo en Europa, sino también durante la Guerra Civil estadounidense.

Inventor compulsivo

A partir de 1870, el reguero de inventos de Trouvé comenzó a llamar la atención de propios y extraños. Entre otros muchos, desarrolló un telégrafo militar portátil que permitía y facilitaba la transmisión de órdenes desde el frente y mejoró la intensidad del sonido del sistema telefónico de Alexander Graham Bell, quién le visitaría años más tarde para, según le confesó, “sorprenderte entre tus obras que tanto admiro y llevar a Estados Unidos una colección completa de todos tus inventos, que para mí constituyen la máxima expresión de la perfección y el ingenio de la ciencia eléctrica en Francia”.

Gustave Trouvé también inventó un micrófono portátil altamente sensible, el poliscopio (el precursor del endoscopio), el taladro dental moderno, la maquinilla de afeitar eléctrica, una terapia de luz para las afecciones de la piel, y una larga lista de inventos más.

Y llegaron los vehículos eléctricos

En plena madurez creativa, Trouvé introduce mejoras en un pequeño motor eléctrico de Siemens para montarlo, junto a una batería recargable que había desarrollado, en un triciclo inglés James Starley. Fue el primer vehículo eléctrico de la historia. Aunque el 19 de abril de 1881 se probó con éxito en pleno centro de París, y pese a recibir una gran cantidad de críticas positivas, no pudo patentarlo ya que una versión a vapor ya había sido inventada previamente. Resignado, Trouvé adaptó el motor a batería a la propulsión marina para patentar, ahora sí, el primer motor portátil y extraíble fuera borda. El 26 de mayo de 1881, el Téléphone, su prototipo de bote eléctrico de cinco metros, navegó por el Sena alcanzando una velocidad de 3,6 km/h río arriba y de 9 km/h río abajo.

Además de iniciar el camino hacia una movilidad eléctrica, Gustave Trouvé también es responsable de otros exitosos inventos como el piano eléctrico, las baterías de bolsillo de carbono y zinc o los faros frontales utilizados por campistas y espeleólogos. A juzgar por la cantidad y por la calidad de sus aportaciones, Trouvé debería ocupar un lugar destacado entre las mentes más brillantes y creativas de la historia. Desde Holaluz, no solo queremos honorarle y recordarle por lo que hizo sino por ser una de las fuentes de inspiración que nos empuja a seguir recorriendo el camino que inició hace casi 140 años.

Recogemos el testigo, monsieur Trouvé, y prometemos no parar hasta ver realizado el sueño de construir un mundo más limpio, más verde y… ¡menos fósil!

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