¿Qué es el efecto Rosenfeld?

Qué es el efecto Rosenfeld

Cuando pensamos en los orígenes de algunos descubrimientos y estudios que tienen que ver con electricidad, es más que probable que vayamos atrás en el tiempo, bastante atrás. Pero no sólo de Faradays y Teslas vive la historia de la electricidad. Esta historia se sigue escribiendo contínuamente y tenemos héroes bastante recientes en ella. Este es el caso del señor de la foto,  Arthur H. Rosenfeld, el padre de la eficiencia energética.

El personaje y el efecto

Mr. Rosenfeld es un físico estadounidense que a sus 85 años de edad sigue promoviendo activamente la eficiencia energética. De hecho, puede decir con orgullo que ha dedicado su vida a ello.

Es el responsable de modelos y estudios que utilizados para medir la eficiencia en todo el mundo, entre ellos el DOE-2, un programa informático para analizar la eficiencia energética de los edificios que creó junto a sus colegas de la universidad de Berkeley en 1978, ahí es nada.

A parte de ser consultor del Departamento de Energía  de su país durante varios años y liderar otros muchos proyectos a lo largo de su vida, este hombre tiene un efecto propio, el “Rosenfeld effect” (Efecto Rosenfeld).

Se le da este nombre al hecho de que el gasto per cápita de electricidad en California ha permanecido estable desde 1973, en contraposición al resto del país, dónde ha crecido un 50 %. Es decir, los californianos pueden decir con orgullo que “padecen” el efecto Rosenfeld desde 1973, gracias a las medidas eficientes implementadas en su estado desde esa época. Es toda una hazaña, pero no es lo único a destacar sobre el señor Arthur.

Su propia unidad de medida

Así es, literalmente, un Rosenfeld es una unidad de medida. ¿Y qué contabiliza exactamente? Pues como no podía ser de otra forma, el ahorro energético en lo que a electricidad se refiere. Cada Rosenfeld equivale a tres billones de kilovátios por hora al año, es decir, un volumen de energía ahorrada capaz de sustituír a una central térmica de carbón de 500 megavátios.

Todo esto, “traducido” significa que por cada Rosenfeld que ahorre una ciudad, ésta podría prescindir de una central de las características que comentábamos, empleando así menos energía para cubrir las mismas necesidades, es decir, la base de la eficiencia energética.

Esta unidad fue propuesta en 2010 por grupo de 54 investigadores en la revista Environmental Research Letters y desde luego es la mejor forma de honrar su labor en el campo de la eficiencia. No todo el mundo puede decir que tiene una unidad de medida que lleva su nombre y que encima ha vivido para contarlo.

Así que ya sabéis, ahorrar un Rosenfeld entero es muy difícil, pero seguro que cada uno de nosotros consigue aportar unas décimas a la causa, ¿No os parece?

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