Adiós doble acristalamiento, hola ventanas fotovoltaicas

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Hasta ahora, invertir en unas ventanas con doble acristalamiento, es decir, con dos láminas de cristal en lugar de una y un espacio entre ambas, era una de las opciones más eficientes del mercado. Y no es que hayan dejado de funcionar, siguen aislando igual de bien del frío y del calor, pero unas duras competidoras asoman por el horizonte. Se llaman ventanas fotovoltaicas y puede que sean el futuro.

¿Cómo funcionan?

En realidad se trata de unos paneles solares mucho más finos de lo normal y por lo tanto, súper flexibles. Eso permitiría multiplicar las posibilidades de los paneles convencionales, adaptándolos a muchas superficies distintas. Una de las primeras posibilidades que se han puesto a investigar sus creadores ha sido su aplicación en ventanas.

Lo primero que nos viene a la cabeza quizás sea la innovación que supone colocar los paneles en vertical, posición habitual de la mayoría de ventanas en lugar de en horizontal, como suelen estar instalados los paneles solares tradicionales.

Esta idea se debe, sobre todo, a la facilidad con la que se podrían integrar estos paneles en las ventanas de los edificios, con un coste muy inferior al que ahora suponen las estructuras instaladas en los tejados. Al parecer esto está atrayendo la atención de los constructores, que cada vez más deberán invertir sus esfuerzos en construir edificios capaces de generar la electricidad que consuman.

La apariencia de estas ventanas es similar a la de los cristales tintados, aunque la idea es hacerlas prácticamente transparentes. La tecnología se basa en unas celdas creadas a partir de olígomeros en lugar de polímeros, que garantizan más durabilidad y eficiencia. Esto último se debe sobre todo a que su composición permite que la superficie sea más uniforme, por lo tanto se aprovecha mucho mejor la energía solar.

¿De quién es la idea?

La cabeza pensante es Heliatek, una startup Alemana con sede en Dresden, fundada por distintas divisiones de Bosch, BASF y otras multinacionales.

Según su CEO, Thibaud de Séguillon, estos paneles son capaces de convertir en energía el 8% de la luz solar (y van camino de conseguir un 12%). Los fabricados con polímeros tienen una conversión de entre el 3% y el 5% y los convencionales, hechos con silicona, ganan con un 14/15% de eficiencia. Aun así la victoria en el computo global sigue siendo de los paneles de olígomeros, ya que tienen mayor productividad que sus competidores en condiciones de poca luz y de mucho calor.

¿Cuál será su futuro?

Ahora mismo en Heliatek son conscientes de que la competición con los grandes productores de paneles solares tradicionales es dura. En la actualidad sus paneles se producen a una escala muy pequeña, lo cual provoca que sean más costosos de producir que “los de toda la vida”.

Aun así, aseguran que si consiguen la inversión esperada (unos 60 millones de euros) en cuatro o cinco años los costes de producción bajarán en unos 40 o 50 céntimos por vatio, lo cual es bastante.

Habrá que ver cómo evolucionan y si se ganan la confianza de los bancos, que actualmente confían bastante más en las grandes productoras de paneles tradicionales.

 

 

 

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