La nevera y sus orígenes. ¿Quién la inventó?

¿Sabías que los persas construyeron grandes cámaras frigoríficas en pleno desierto? Repasamos la prehistoria y la historia moderna de la nevera.

Aunque hoy en día nos parezca un elemento muy común en todos los hogares, la nevera moderna tiene menos de un siglo de historia. No obstante, nuestros antepasados ya idearon sistemas muy sofisticados para refrigerar o conservar los alimentos. En este artículo excavamos los orígenes del frigorífico y os contamos algunas curiosidades.

De persas a romanos

Encontramos los primeros vestigios de sistemas frigoríficos en la Antigua Persia, donde la inclemencia de sus veranos convirtió el hielo en un bien muy preciado. Por ello, alrededor del siglo IV a.C., los persas, famosos por su riqueza e ingenio, idearon el “yakchal”, que literalmente significa “pozo de hielo”. Estas construcciones eran capaces de almacenar alimentos e incluso fabricar hielo, en pleno desierto. Se llegaron a construir miles de ellas y se convirtieron en un símbolo de estatus.

El acceso al hielo era también un distintivo de clase en la Grecia y Roma antiguas, concretamente la temperatura a la que se servía una copa. Seis siglos antes de Cristo, los griegos ya idearon un sistema de refrigeración precursor de las actuales cubiteras: la psykter. Consistía en una vasija circular, donde se introducía la bebida, y ésta se dejaba flotando sobre agua fría o con nieve.

Los neveros artificiales

Y en la antigua Roma ya encontramos otro antepasado de los frigoríficos actuales: los neveros artificiales. Eran pozos excavado en la tierra, con muros de contención y unas aberturas por donde se introducía la nieve y, posteriormente, se extraía transformada en hielo. Aunque los romanos usaran estas construcciones, su apogeo fue entre los siglos XVI y XIX d.C. Para su funcionamiento eran imprescindibles los neveros (trabajadores de la nieve), quienes cada primavera recogían la nieve de las últimas nevadas y la llevaban a los pozos, donde la prensaban para convertirla en hielo. Allí se conservaba bajo varias capas de tierra, hojas, pajas o ramas, hasta los meses de verano, cuando se extraía el hielo para ser llevado a las ciudades. Estos sistemas quedaron obsoletos a principios del siglo XX, con la aparición, primero, de la producción de hielo en forma industrial y, más tarde, con la popularización de los frigoríficos domésticos.

La nevera moderna

Podríamos decir que la nevera, tal y como la conocemos hoy, tuvo muchos padres. Todos ellos aportaron descubrimientos clave que permitieron sentar las bases hasta llegar a registrar la patente de la nevera moderna. Empecemos con el escocés William Cullen, quien a mediados del siglo XVIII descubrió los procesos químicos que repelen el calor y creó los procesos de materiales de enfriamiento de forma artificial. Por ello, se le considera el inventor de la refrigeración moderna. A principios del siglo XIX, los inventores estadounidenses Oliver Evans, Jacob Perkins y John Gorrie desarrollaron las primeras versiones del frigorífico moderno. Todas ellas eran modelos que incorporaban los avances de sus predecesores e incluso llegaron a registrar patentes, aunque nunca llegaron a ser comerciales.

El ingeniero alemán Carl von Linden recogió toda esta herencia y en 1876 la plasmó en la patente del primer frigorífico mecánico, que funcionaba mediante una pequeña bomba de vapor. Este modelo sentaría las bases para su futura comercialización en 1913, cuando se vendió la primera nevera realmente útil en Estados Unidos. En 1923, la marca Electrolux puso a la venta la primera nevera eléctrica.

Electrolux Modelo D (1925) Fuente: electroluxgroup.com

Inicios polémicos

Los frigoríficos alcanzaron su popularidad en los años 30 debido gracias a unos precios más económicos y a la introducción de refrigerantes sintéticos que no eran tóxicos ni inflamables. Más tarde se descubrió que los clorofluorocarbonos (CFC) suponían una amenaza para la capa de ozono y en 1994 los gobiernos prohibieron su uso en nuevos frigoríficos y aires acondicionados.

Otro obstáculo al que tuvieron que enfrentarse los primeros modelos de nevera fue el sistema de cierre, tan importantes para mantener el estado de conservación de los productos y reducir el consumo energético. A mediados de los años 50, las neveras se solían abrir y cerrar con una manecilla, que cerraba herméticamente. Al ser un electrodoméstico bastante común en esa década, este cierre había provocado algunos accidentes con niños que quedaban encerrados dentro mientras jugaban. Estos accidentes disminuyeron a partir de 1958 cuando se comercializaron los nuevos modelos con sistema magnético.

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