Pionerxs: Ernest Shackleton, mucho más que un explorador

tras una primera entrega portagonizada por Ada Lovelace, seguimos con nuestro repaso a la vida de algunos de los principales pionerxs de la historia. Hoy lo hacemos con un personaje que os sorprenderá tanto por su personalidad como por sus peripecias. Ernest Shackleton hizo mucho más que cruzar la Antártida.

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Dejó una huella tan profunda sobre el hielo de la Antártida, que casi un siglo después de su muerte sigue considerado como uno de los aventureros más intrépidos y valientes que haya existido nunca. Nos referimos a Ernest Shackleton, cuyas esperanzas –que no enseñanzas- quedaron atrapadas en el mar de Weddell.

Ernest Shackleton: un espíritu libre

Nacido el 15 de febrero de 1874 en la localidad irlandesa de Kilkea, Sir Ernest Henry Shackleton tuvo claro desde un buen principio que lo de seguir los pasos de su padre no iba con él. Su destino parecía escrito; vivir plácidamente en Londres –donde se educó después de que su familia se trasladara allí por razones laborales- y dedicarse a la medicina. Su padre trató siempre de convencerle, pero el joven Shackleton tenía otros planes. Así, con tan solo dieciséis años ingresó en el servicio marítimo mercantil para convertirse, una década después, en marino principal de la Royal Naval Reserve.

En 1901, Shackleton fue elegido para unirse como tercer teniente a la expedición antártica dirigida por otro gran pionero de la historia, el oficial naval británico Robert Falcon Scott. Junto a éste y a Edward Wilson, viajaron sirviéndose de sus piernas y un trineo para intentar alcanzar el Polo Sur en condiciones extremadamente difíciles. Se acercaron a su objetivo más que nadie antes, pero Shackleton resultó gravemente enfermo y tuvo que ser destituido del servicio y enviado a casa en el barco de suministros Morning, en marzo de 1903.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Shackleton o la persistencia del pionero

Los precedentes no invitaban a seguir intentándolo, pero cuando a uno le empuja algo más que la curiosidad, no teme volver a enfrentarse a lo peor si así consigue abrir camino para otros. ¡Así son nuestros pionerxs! Tras pasar algún tiempo ejerciendo de periodista y ser elegido secretario de la Real Sociedad Geográfica de Escocia, en 1908 decide regresar a la Antártida a bordo del Nimrod. Durante la expedición, el equipo que lideraba subió al Monte Erebus, realizó importantes descubrimientos científicos y consiguió establecer una nueva marca al acercarse todavía más a su viejo conocido, el Polo Sur, hecho que le valdría ser nombrado “Sir” y Comandante de la Real Orden Victoriana a su regreso a Gran Bretaña.

Pero su gran hazaña, por la que principalmente es recordado Ernest Shackleton, no comenzaría hasta agosto de 1914, cuando se embarcó en el Endurance junto a un grupo de marineros y científicos para intentar realizar la primera travesía de la Antártida. La historia de esta expedición, que él mismo lideraba, representa todo un hito de la supervivencia. El Endurance quedó pronto destrozado por la presión del hielo antártico y la tripulación, abandonada a su suerte en medio del helado Mar de Weddell. Pero ni diez meses de tormentas y frío insoportable fueron suficientes para acabar con ellos. Mostrando un espíritu de liderazgo y una perspicacia propia de los destinados a permanecer en la memoria colectiva, Shackleton conseguiría guiar a su equipo hasta la supervivencia.

Tras abandonar el barco, los miembros de la expedición flotaron en los témpanos por otros cinco meses hasta escapar en botes a una de las Islas Shetland del Sur, donde subsistieron gracias a la carne de focas y pingüinos. Una vez instalados, Shackleton decidió partir junto a cinco de sus tripulantes para intentar buscar ayuda. Cuatro meses después, y tras un sinfín de peripecias y dificultades, logró rescatar a su tripulación de la isla Elefante sin haber perdido a un solo miembro.

Lo que nos enseña el ejemplo de Shackleton

La lección más importante que dejó Ernest Shackleton -quién moriría en 1922 como no en su amada Antártida cuando lideraba otra expedición-, fue la de sobreponerse a todas las dificultades para intentar lograr su objetivo: abrir camino. Su persistencia y su valentía siguen iluminado hoy a los que tratan de aprender cómo sobreponerse a dificultades de todo tipo. Su espíritu luchador ha sido siempre un ejemplo para nosotros, hasta tal punto que, lo confesamos, es uno de nuestros pionerxs favoritos. ¡Que su valentía siga guiándonos!

 

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